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Morbosas(os) de este Blog

21 de junio de 2009

[Relato] Espiral de Erotismo en la PYME de publicidad - PARTE 2




Espiral de Erotismo en la PYME de publicidad
PARTE II

Una Historia de fuerte sexo lesbico, trios, voyeurismo, masturbaciones, sexo heterosexual y fetichismo





Prosigo con este extenso relato, de algo que tenía que contar a alguien, y porque no mejor aun, a muchas personas.

Un día, estábamos en el auto de ella, estábamos bromeando sobre varias cosas que nos habían un ocurrido ese día, y ella me dijo que necesitaba algo de confidencialidad para contarme algo sobre uno de sus hijos, y que yo como era hombre quizás la podría ayudar.

Le dije que por supuesto, que el nivel de confianza que ambos teníamos era muy grande ,y que si la podía ayudar, me sentiría util.


Me contó que su hijo de 13 años, ella lo había sorprendido masturbándose, y que no supo que hacer, no supo como manejar la situación, pues ambos quedaron en shock viéndose cara a cara y ella solo salió del cuarto sin decir nada más, ni siquiera tuvo opción alguna de disimular que no había visto nada. Y no quería contárselo a su esposo, para no avergonzar más al niño, pues de seguro el papa iba a llevar eso a burla (y como yo lo conocía, de seguro sería así).

Pero, no solo me dijo eso, me dijo algo que la atormentaba aun más. Me dijo que creía que el niño se masturbaba pensando ella!!!! Lo que me dejó en el sitio, como decimos por aquí.

Le pregunté que porque creía tal cosa, y de su propio hijo. Y ella me contó que a los tres hijos desde temprana edad, los acostumbraron a bañarse con ella y su esposo, y que por descuido de ellos, eso nunca había cesado. Solo que la niña desde los 12 por convicción propia, dejó de bañarse con ellos, pero los niños no, ellos siguieron bañándose con papa y mama. Me dijo que su hijo de 13 años, ya tenía pubis, y por supuesto, erecciones. El hijo menor, ya no solía bañarse con ella, por cuanto salía más temprano a clases, pero su hijo de 13 si lo hacia con ella y con su esposo, y dado que este cada vez estaba menos en casa, se bañaban juntos solo ellos dos.

Ella continuó narrándome cosas, como por ejemplo que ella se hacía su "aseo de mujer" frente al niño, e inclusive al borde del jacuzzi del baño, se afeitaba el coño (ella usó otra expresión, que la verdad ahora no recuerdo) y todo eso lo veía el niño, pero que ella por distraída y por el stress del trabajo, no le paraba mucho a nada de lo que estaba ocurriendo, pero si advertía que el niño solía doblarse un poco en el jacuzzi, y a veces ella lo mandaba a salir del mismo, y este se negaba o salía medio tapándose. Ella le dijo incluso que el agua fría del jacuzzi le ponía durito su pipicito, que no le importase que se le pusiera sí frente a su mama. Pero ahora ella reflexionaba y me decía que no era por el agua, que por lo general no estaba fría, pues ella misma cuidaba que estuviese tibia y más a esa hora de la mañana, si no que ella ahora estaba convencida de que era por ella misma, que pese a todo, no dejaba de ser una mujer desnuda frente al niño, ya no tan niño. Ella también me dijo, que el niño prácticamente no veía ninguna otra chica, por cuanto lo tenía en un colegio católico de solo niños varones.

En ese momento el auto llegó a su casa, y ella me dijo que siguiéramos hablando adentro.

Fuimos a la cocina, y ella se dispuso a preparar un café y a lavar algunas tazas y platos que consigio en el fregador, y colocaba en su sitio algunas otras cosas, mientras seguía hablando.

Yo me senté en una de las altas sillas que tiene a lo largo de una mesa en su cocina.

Me dijo, que ella atando cabos, llegaba a la conclusión de que el niño, después de salir del baño, iba directo a pajearse a su habitación, y que no podía dejar de aceptar que su objeto de fantasía era justo ella misma, su propia madre. Yo no me pude aguantar, y le comenté que razones de sobra tenía el niño, porque ella era muy bella. Sonreímos, pero ella volvió a enseriarse, y me explicó que yo como hombre lo sabía, y que ella era plenamente consciente de que sus atributos tenía, pero que no por eso dejaba de ser la madre de él. Yo me limité a darle la razón.

El agua para el café se estaba calentando y ella subió al cuarto a “cambiarse”, en realidad no se cambió, solo se quitó la falda, y se quedó en pantaleta, con la blusa puesta y los altos tacones… una estampa divina! La Madre Naturaleza frente a mis ojos, in situ.

Cuando bajó así, sin la falda, dijo como excusa que había dejado el teléfono celular en la cartera, y ciertamente era así, lo tomó e hizo una llamada a uno de los clientes, mientras atendía el café. Apagó la hornilla, y comenzó a colarlo. Yo no dejé un solo segundo de mirarla.

Dejó el café colándose, y se voltio. Se recostó contra el gabinete de la cocina, y siguió hablando por teléfono, mientras el brazo que no tenia el teléfono, lo cruzo con el otro para darle apoyo. Ello llevó a que la parte delantera de su pantaleta quedara al descubierto. Ella me veía con mucha seriedad, y yo me armé de valor, pero juro que no la deje de ver de arriba a bajo, en todo ese rato que habló por telefono.

Cuando terminó de hablar, puso el celular sobre el gabinete de la cocina, y mientras servia el café en las tazas, y dándome la espalda, me dijo medio en broma, medio en tono de reclamo: -José, me querías comer con la mirada… no dejaste de “bucearme” (“observarla lujuriosamente”, se entiende por estas tierras) mijo-

A mi el valor, que había tenido para mirarla previamente, se me vino al piso, y solo sonreí nerviosamente.

Ella me trajo la taza de café y tambien la de ella. Y se sentó en la parte diagonal de la mesa, junto a mí.

Y fue ahí, donde ya me tuvo acorralado, para hacerme esa pregunta, que de no ser por que ya para entonces habíamos entablado esa conversación sobre el “problema” que había tenido con su hijo, seguramente no estaría relatando todo esto.

Me dijo que ella entendía que los hombres cuando jóvenes nos masturbábamos mucho, me dijo que su propio esposo le contaba que el lo hacía frenéticamente, cuando adolescente. La interrumpí y le dije que las mujeres también, a lo que ella me dijo que no necesariamente, por que ellas por la misma formación familiar y social, terminaban reprimiéndose mucho, además de que una mujer necesitaba otros elementos para solo iniciar una masturbación, que lo difícil en la mujer era iniciarla, no hacerla como tal. Yo la verdad no estaba en capacidad de contradecirla, la verdad la mayoría de las mujeres suelen ocultar que se masturban, por razones muy variopintas.

Entonces de una sin más anestesia me preguntó:

-Mira José, dado que estamos hablando sobre esto, y que ambos sabemos que es normal, lo que no implica que sea normal que una madre sea el objeto sexual de su propio hijo, como sospecho; me imagino por lo que acabo de comprobar ahorita de que yo soy igualmente un objeto sexual para ti-

Yo no podía ni respirar cuando me dijo eso.

Le respondí casi sin voz que si.

Luego, me controlé un poco y le repetí que si, que la verdad era esa, pero que la respetaba mucho, por lo que ella había representado para mi, me había dado trabajo y una amistad que yo valoraba mucho.

Entonces vino la estocada:

-Mira José, la verdad es que tengo que decirte que sospecho que hurtas mi ropa interior para hacerte pajas-

Casi desfallezco luego de esa acusación a quema ropas

Me dijo que éramos adultos y que podíamos manejar esa situación de una manera más elegante (“elegante”… nunca olvidare esa palabra). Pero que ella necesitaba saber si era yo, porque si no era yo… irremediablemente sería entonces su propio hijo!

Yo seguí mudo e inmóvil. Y me dijo que ella por todo el oro del mundo, deseaba que fuese yo el “admirador” del tufo de su coñito (lo dijo en terminos locales que en sus labios me hicieron levitar casi).

Me volvió a preguntar: -¿Tu eres el que usa mi ropa íntima para hacerse pajas?-

Ya en ese escenario, pensé que no había otra salida que confesarle que si. Y recuerdo hasta el punto y coma de lo que le dije:

-Conchale Samanta, todo esto me apena inmensamente, pero si vale, lo hice un par de veces. Solo deseo que esta confianza entre tu y yo no se resquebraje por esta situación.-

Entonces, me dijo medio sonriendo:

-Se resquebrara si no eres sincero conmigo, por ejemplo no han sido dos veces, ni tres, sino muchas más, y encima te llevas mis “Hilos” que son los que uso para trabajar-

Bueno, la verdad que en ese punto ambos sonreímos, todo eso era bastante sórdido e ilógico, y le pedí disculpas, le dije que no volvería a ocurrir.

Ella me dijo, que no le importaba que no volviera a ocurrir, lo que le importaba era que no se enterara su marido, y que por favor, no me las llevase una semana, que al menos las que me llevase las devolviera al día siguiente o a los dos días jajaja.

La verdad en ese momento no era consciente de esa soterrada invitación que me estaba haciendo, estaba tan apenado que casi ni escuchaba lo que decía, pero hoy lo recuerdo como si me hubiese hecho una regresión jeje.

Siguió, casi haciéndome ella una confesión.

-Mira a mi todo esto más bien me halaga, y quiero que sepas que no te lo estoy prohibiendo (y resalto el: “no te lo estoy prohibiendo”), pero si te exijo que no te las lleves por tanto tiempo-

Yo asentí casi imperceptiblemente.

-Lo que si me tiene atormentada, es esta situación con mi hijo (…) no se como manejar esto, sola-

-¿Sabes de algo que pueda hacer?-

La verdad que en ese momento, con lo excitado y al mismo tiempo apenado y humillado que me sentía, lo más que podía pensar era invitarla a cometer incesto con su propio hijo jejeje

Le dije, con total franqueza que no se me ocurría nada, y que sentía total empatia por lo que estaba pasado el niño, que a su edad estar expuesto a una mujer tan bella y peor aun, completamente desnuda y en situaciones tan intimas como su propia depilación vaginal, pese a que era su propia madre, y sin otra mujer como referencia cercana, pues… era bastante difícil para el niño. Que más bien, el error había sido de ellos mismos, o sea de ella y del padre, en haber prolongado por tanto tiempo esos baños familiares y sobretodo, el haber colocado al niño en un colegio de solo varones. Aunque ella me explico que creía que ese no era el problema, pues en países más desarrollados el nudismo familiar era común, que ella creía que el error había sido a nivel de no darle la mejor de las educaciones a sus hijos, para que asumieran su sexualidad con mayor libertad. Lo cual no dejaba de tener razón. Pero claro, la cuestión es que el daño ya estaba hecho ¿Cómo remediar las cosas ahora?.

Entendí, que solo yo sabia de esta situación, y solo ambos podíamos planificar algo para que ella y el niño salieran de esa situación embarazosa en la que habían caído. Lo cual me ubicaba en una situación ciertamente privilegiada, como para poder intimar un poco más con ella.

El café llegó a su fin, y ella se levantó, y con total descaro tomó ambas tazas vacías, y me dijo:

-José aprovecha de “bucearme”, que ya me voy a duchar para esperar a que mis hijos lleguen. Ya te bajó los recibos para que te los lleves y los revises en tu casa-

Fue al fregador, depositó las tazas, y caminó en varias direcciones por toda la cocina, guardando cosas, todo eso para que yo la viera con lujo de detalles, hasta llegó a inclinarse, antes de dirigirse escaleras arriba, hacía su cuarto.

Fue un momento victorioso, porque sabía que ella me estaba implicando en su vida intima finalmente, más allá de la confianza que me había dado en todo el tiempo previo, desde que me hice amigo de la familia y su propio empleado. Me sentí como Sucre después de Ayacucho, o Bolívar después de Carabobo, o Napoleón después de Austerlitz, victorioso! en la gloria! jajaja

A los pocos minutos, bajó con un sexy short jean raído, sandalias y una franela, y en su manos traía toda la ropa sucia, que se acababa de quitar. Yo estaba justo, en el pasillo por el cual ella tenía que pasar para llevar esa ropa a la cesta de ropa sucia para que la sirvienta al día siguiente la lavase.

Colocó, completamente adrede la pantaleta que se acababa de quitar, encima de todo lo que llevaba en sus brazos, no estaba enrollada, ni nada, se veía que la había puesto conscientemente en esa determinada posición donde la colocó.

Pasó junto a mi y se detuvo. Y con una sonrisa cómplice, me dijo:

-¿No la vas a tomar?-

Me acerqué y con sumo cuidado, la tomé (la pantaleta). Ella me dijo ¿que si de verdad eso me excitaba?, le dije que si. Y me dijo que cada loco con su tema, y siguió caminando. No sin antes recordarme, que debía quedar entre nosotros, y que su esposo no debía enterarse, que ella cooperaría para que se me hiciese fácil tener cada vez que yo quisiese sus pantaletas sucias. Por ese motivo, yo la seguí, pues debía aclararle que una de las razones por la cual no se las entregaba a tiempo, era justo que lo hacía cuando su esposo no estaba en casa.

Por lo que ella, me dijo que se le ocurría que cuando no se las pudiese entregar, se las diese en una bolsita en la misma oficina, cuando nadie se diera cuenta. Y que cuando yo no las pudiese ir a buscar a la casa, ella haría lo mismo pero a la inversa, o sea, ella misma me traería las pantaletas sucias, en una bolsita y me las daría en la oficina o en su auto, para que yo las utilizace en mis pajas.

Jejejeje fue así que empecé mi fetichismo por las pantaletas sucias, con la complicidad de Samanta, mi propia empleadora, amiga claro y a futuro complice de un sin fin de cosas...

Pero esto solo fue el inicio de una larga consecución de eventos, altamente eróticos que hasta ahora, han girado en torno a esta misma mujer: Samanta.



Continuara...

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