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Morbosas(os) de este Blog

20 de junio de 2009

[Relato] Espiral de Erotismo en la PYME de publicidad - PARTE 1


Espiral de Erotismo en la PYME de publicidad
PARTE I
Una Historia de fuerte sexo lesbico, trios, voyeurismo, masturbaciones, sexo heterosexual y fetichismo


Toda esta larga historia que he vivido intensamente estos últimos años, tiene a una sola mujer como catalizadora de toda una serie de situaciones sexuales que me han hecho disfrutar de la Hembra en toda su dimensión. Una mujer que lo único que hizo, fue aumentar mi fascinación por las lesbianas y mujeres bisexuales, hasta un nivel que roza en la obsesión.

Le contaba a una buena amiga lesbiana argentina, hace algunos días, que mi fijación por las lesbianas viene de una experiencia que tuve en la pre-adolescencia (tendría yo unos 12 ó 13 años), en la cual me bañé con una tía y su “amiga”. Tiempos en los cuales los felpudos eran malditos, entiéndase: los Montes de Venus presentes y no mutilaos, eran tentadores. Recuerdo muy bien esa ocasión. En otra oportunidad daré detalles de esa especie de “iniciación” al maravilloso mundo lésbico, al cual como hombre, no tengo fácil acceso, para mi mayor frustración, ya desearía nacer mujer para ser lesbiana, pero de momento me conformo con mi nada cómoda posición de hombre lesbiano...

Pero mi mayor experiencia en este exquisito, sublime y elevado universo lésbico, se centra en tres mujeres. Mujeres, que jamás han hecho daño a nadie, y solo han sido victimas (parciales y/o directas) de situaciones que no merecen.

Estas mujeres en torno al cual giran mis fantasías y experiencias terrenas, son:

Samanta, mujer blanca de generoso pecho (de hecho se realizó una Mamoplastia reductora por un problema en su columna), con el cabello teñido de rubio, pero al ser blanca (andina de hecho) le hace bien, y unos 42 años engañosos. Casada, con tres hijos (dos varones y una hembra). Su esposo es el típico gozon, infiel incorregible, dicharachero (bromista), el hombre orgulloso de su poder (y ciertamente su mujer le da ese aura poder, pues ella haría sentir a cualquier hombre muy orgulloso), un hombre que la fortuna le sonrío. Fue a través de él, que conocí a Samanta, vericuetos del destino supongo. Claro, con lo bueno para nada que yo inspiraba cuando me conoció ¿De que tenía que preocuparse conmigo? Quizás pensó que yo era una especie de eunuco, que no sería capaz de tocar a su mujer, o quien sabe que otra cosa. Samanta, no es tonta (¿Qué mujer lo es?), pero ella siempre fingió que no le importaban las infidelidades y acciones altaneras de su marido. Craso error de percepción mía.

Katiuska, de mi edad (32 años). Prima de Samanta, con igual físico, solo que con piernas más lindas y de hecho un poco más alta. Con dos niños. Su matrimonio se vino abajo, porque su aun esposo (el divorcio aun no se concreta) cayó en el mundo de las drogas ya muy avanzado el matrimonio.

Y Rebeca, una chica de tan solo 19 añitos. Piel canela claro, pelinegro. Con los senos operados. De mi estatura, unos 175 centímetros. Secretaria de Samanta.

Me hice muy amigo de las tres, porque Samanta me contrató como su asistente, y los cuatro hicimos un equipo en la PYME de la propia Samanta (en el área de publicidad).

Mis masturbaciones desde entonces, se hicieron obsesivas, imaginándomelas a ellas teniendo sexo lésbico, o simplemente heterosexual conmigo o en otras situaciones.

Sin embargo, fue con Samanta, la mandamás de todos, con la que tuve los primeros escarceos, lo cual era anti-ilógico, lo lógico era entrarle primero a la secretaria porque era más joven solitaria y vulnerable (todo hay que decirlo), pero bueno empecé como se dice por la parte difícil de todo.

Fui sumamente afortunado por ello, pues ella (Samanta) era la piedra angular de algo mucho mas sorpresivo, que la verdad no me lo imaginaba. Era Samanta, la llave a un mundo de lujuria que la verdad no me imaginaba…

Hoy cuando lo recuerdo, me preguntó: ¿Qué otras tantas situaciones hay detrás de lo que no alcanzamos a ver en estas sociedades, cada vez más complejas que buscan un escape a sus propias cárceles?...

Lo de Samanta era esperable, se hacía la desentendida ante las actitudes de su marido. Katiuska tenía un matrimonio deshecho. Y Rebeca era una joven y bella, solterita. Lo curioso de todo es que yo me acerco a Samanta, justo para que me haga la segunda con Rebeca, pues la quería como novia mía. Que terrible, extraño y pícaro el destino!

Y Samanta, ciertamente ante mí y ante Rebeca, solía hacer de “cupido cabrón” y nos decía a ambos que porque no nos tomábamos el día libre siguiente e íbamos para el cine, y cosas así. Pero luego, descubrí que todo eso era una farsa, en la cual participaba la propia Rebeca, y las razones eran insólitas.

Mi confianza con Samanta llegaba al extremo de incluso trabajar hasta altas horas de la noche en su propio cuarto con o sin su esposo en la habitación, cuadrando cuentas y organizando papeles, incluso sentados en su propia cama. Ella tenía por entonces en PC en su amplia habitación, con jacuzzi y todo. Admito que llegó un momento en el que me sentí bastante incomodo. Incluso, siempre tuve la sospecha de que su esposo era bisexual o algo así, y aun al día de hoy, lo pienso (sobretodo con lo que casi la propia Samanta descubre de él). Ese nivel de confianza de ellos, era como para sospechar muchas cosas. Obviamente, como heterosexual convencido, no me molesté en indagar más jajajaja.

El marido de Samanta comenzó ha ausentarse cada vez más de la casa, por cuestiones de negocios, lo cual hizo que yo pasara más tiempo con Samanta, en su casa y en su cuarto. Solo estaban sus tres hijos (todos niños varones de 9 y 13 años respectivamente, y la hija de 14 años) y la sirvienta, una señora que no todos los días se quedaba en la casa.

Yo como vivía a menos de 500 metros de la casa de Samanta, pues… iba a cada rato, pero en la noche cuando trabajábamos hasta muy tarde, terminaba “durmiendo” en el cuarto de huéspedes para no irme caminando en la noche hasta mi casa. La verdad no podía dormir. No podía dormir, por varias razones.

Primero me sentía “extraño” en esa casa (nada como la propia casa de uno, obvio).

Segundo, porque el cuarto tenía TV por cable, y ella me había dado la contraseña para el plan Platinium, que incluía canales de películas y deportes Premium y, of course, los canales eróticos y pornos: Venus y Playboy, por lo tanto, los pajazos eran inevitables.

Además, con el tiempo, hurgaba en la cesta de ropa sucia, que estaba en el piso de abajo, justo al lado de la habitación de huéspedes donde yo me quedaba luego de haber trabajado con ella en su habitación, y tomaba las pantaletas (bragas) usadas de Samanta, aun impregnadas con su fuerte olor vaginal. Por lo general eran tangas tipo “hilos”.

No pocas veces, en esos primeros años, le llegué a ver los “hilos” puestos, debajo de una falda, levantada por una leve brisa, o justo al montarse en su auto. Ella siempre me decía, que dado que yo estaba “solito” (así decía), era bueno que ella de vez en cuando me enseñara “algo” (si bien siempre era accidental). A lo que yo le decía: - pero Samanta, quieres que me caiga a “manuelas”- (una de las tantas maneras de llamar aquí, a las pajas), y ella con una sonrisa cómplice, me decía: -no pretenderás que te diga lo que tienes que hacer-. De esas bromas en esa situaciones fortuitas, y hasta entonces, nunca pude pasar.

Esas pantaletas sucias de Samanta, eran particularmente exquisitas, porque prácticamente ella usaba una para todo el largo día, desde la mañana que salía a trabajar, hasta la tarde o incluso, noche, que regresaba, y en esta tropical Isla caribeña, pues… el calorcito no es broma. Por lo que el néctar contenido en las mismas era particularmente suculento. Mezcla divina de sudor, fluidos vaginales y orine.

Todo este orden de cosas, ya me estaban atormentando mucho, y me estaba obsesionando peligrosamente de Samanta.

Afortunadamente, los acontecimientos posteriores tuvieron un rumbo satisfactorio.

La confianza aumentó a niveles en los cuales ella salía del baño con el paño atado alredor de las axilas sin importar que yo estuviera en el cuarto. Al principio por lo general, yo bajaba al primer piso de la casa mientras ella se bañaba, si bien el baño de su cuarto tenía puerta y un amplio vestíbulo contiguo. Ya incluso, se paseaba por el cuarto en pantaleta (no “hilo” claro), y blusa o franela arriba.

Así fue aumentado la confianza entre ambos, cada día más y más.

Yo la verdad ya no me bastaba con pajearme en el cuarto de huéspedes de su casa, y comencé a llevarme las pantaletas a mi casa, escondidas en mi jeans. Ese fue el detonante de todo.

Ella comenzó a darse cuenta de que las pantaletas sucias le faltaban.

Yo las devolvía, pero cuando podía hacerlo. A veces me quedaba con alguna por semanas, fue un afortunado error. Sin pretenderlo me estaba descubriendo ante ella y la estaba casi invitando a mí.

Por supuesto, no fue algo planificado, solo sucedió.

Estaba así mismo dando mis primeros pasos en el Fetichismo en las pantaletas sucias.


Continuara…

1 comentario:

José dijo...

Suena interesante la historia. Quiero saber mas.

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